Podríamos decir que hace 43 años Ernesto “Che”Guevara dejó este mundo, sí. Podríamos decir que hace 43 años está más vivo que nunca, sí. Vive en cada reclamo de justicia, vive en cada grito de ¡BASTA! lanzado por cada oprimido en cualquier lugar del mundo. Se puede decir que el 8 de octubre de 1967 cerraron sus ojos, o al menos eso pensaron; aunque sus ojos jamás dejaran de ver, jamás podrán cerrarse.
Su imagen está impresa en remeras y banderas, muchas de ellas vacias de contenido, vaciadas por un sistema que no quiere más revolucionarios como él, que no le conviene personas que tengan ideales, no sólo palabras de esas que suenan tan bien, sino que las conviertan en acciones, que luchen como él hasta la muerte.
La existencia del Comandante, como lo nombró Fidel Castro, tuvo un antes y un después luego del viaje que realizó con su entrañable amigo Alberto Granado. Él era un joven de 23 años, deseoso de conocer el territorio latinoamericano, y a pesar de quedarle sólo tres materias para recibirse de médico, salió a la carretera en busca de diferentes aventuras. Conoció el sur de la Argentina, Chile y Perú y, a medida que trascurría el viaje, vio con sus propios ojos los pesares que sufrían las personas más humildes.
“Ese vagar sin rumbo por nuestra mayúscula América me ha cambiado más de lo que creí. Yo, ya no soy yo. Por lo menos no soy el mismo yo interior”, escribió en su diario como conclusión de aquella travesía. A partir de aquel momento algo había cambiado en él y esto, que fue fundamental, determinó la sucesión de hechos que vivió después.
Tenía ese aire especial que lo envolvía, un porte de líder innato, algo característico en él desde pequeño, y una mirada serena que, a simple vista, podía parecer demasiado dura. Peleó por la independencia total de Cuba, recorrió caminos llanos y selvas acompañado del asma crónica que padeció desde temprana edad. Impulsado por saber que existe un mundo más justo, se dirigió a África para terminar en Bolivia, donde se enfrentó en combate con el ejercito de ese país, que apoyado por la Central de Inteligencia de Estados Unidos, lo asesinó en la Higuera.
No conformes con esto, o no totalmente convencidos de que habían hecho lo suficiente, ocultaron sus huesos como queriendo ocultar su existencia, borrándola de la memoria. Sin embargo, su imagen sigue intacta, como los sentimientos que genera este hombre, Hombre Nuevo, que predicó con el ejemplo. 
”… y sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario.”
Samanta Estigarribia

muchacha, seguramente debido a tu notoria juventud que no has dejado lugar común sin recorrer, solo te faltó el juramento revolucionario frente a la foto de Stalin, los asesinatos de “La Cabaña” y su profundo sentimiento homofóbico.
Muchacho, imagino que si pudiste observar que, según tú, no hay lugares comunes sin recorrer en la nota, habrás podido observar también que esto no es una biografía y sí un homenaje hacía El Che Guevara, por lo cual tus consejos sobre qué le faltó a la nota son subjetivos. Asimismo, creer, como aseguras en tu comentario, que lo expresado hacía este Revolucionario tiene cierta connotación por la edad que pueda o no tener me parece una observación que nada tiene que ver. Pensar que sostener, estar de acuerdo, creer o como quieras llamarlo en ciertos valores, en estos especialmente, es un virus de la juventud, dejame decirte que estás muy equivocado.
Igualmente, nobleza obliga, te agradecemos por leer la nota y comentarla.